12 ago 2010

Viejas canciones

Antes de que ella me convirtiera en un tango, incluso antes de que me percatara de sus trastornos, quería decirle algunas cosas que no quiso escuchar. Son palabras caducas y absurdas pero que en un momento fueron la sangre en mis venas. Aquí las saco para echarlas de una vez de mi tintero:

“Quiero pagar el precio de tus tres deseos. Quiero que dejes el papel que la vida te hace actuar y te liberes. Quiero quitarme el antifaz, que me mires a los ojos, y que en ellos se refleje lo que sos, y lo que buscás. Quiero que esa misteriosa ley se imponga y nos haga chocar en el espacio exterior, y con nosotros los planetas. Tu cuerpo dice quiero, pero tu alma tiene miedo. Yo no soy tan malevo, cuando tu brava belleza me mira tan fijo. Quiero liberarte y que me liberes. Voy a tirar tres monedas al aire. Quiero ser amigo de tu suerte, y que sea mi destino. Quiero asumir el riesgo de olvidar mentir en todo nivel. Quiero que vengas hasta la mitad del camino que está oscuro. Solo un día. Quiero que hagamos una apuesta mágica en este póker de ciegos. Quiero que tu lenguaje y el mío se imanten y se unan por la misma ley, y sean un idioma. Que tu música y la mía se mezclen hasta olvidarnos donde empezó una y donde termina la otra, hasta aprender a bailar sin pisarnos los pies. Tu ley me domina, me desnuda el traje de olvidar, sólo me deja sentir este impulso recurrente. Quiero que me dejes ser. Quiero que tu secreto me desarme como un rayo cayendo sobre mí. Quiero mirarte con atrevimiento. Sabrás que es lo correcto, sabrás reconocer mi secreto. Quiero destrozar el cristal, para que respire en mí el cielo que hay afuera, la luna suelta. Quiero hacer honor al placer de coincidir, al temor, al orgullo, a la emoción, al descubrir, al rito, a la delicia. Quiero sentir de cerca tu olor, mi pesadilla dulce, mi fiebre y obsesión. Quiero someterme a tu hechizo, al enigma en la mirada que me roba el tiempo, que me atrapa el pensamiento, que es un balcón para soñar y saltar sin red, que es mirada que al mirar es un instante que me llega a enloquecer. Quiero respirar de vos, y que respires de mí. Deja que cante mi última canción. Acercate hoy, que la vida se nos va a ir mañana cuando salga el sol, en el furgón de las almas. O sólo mirame, y decime adiós.”

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