23 jul 2012

Finalmente creo que no perdió el avión. Creo que decidió tomarlo. Pienso que en este momento ya debe haber arribado al aeropuerto de Ngurah Rai, en la ilsa de Bali. Me pregunto cómo será estar a 15 mil kilómetros de distancia durante algunos largos días. ¿Cómo será no verla durante este tiempo? ¿Cómo será volver a verla?. ¿Habremos aprendido a despegarnos para ese entonces? ¿O habremos juntado nuevas ansias sin saberlo, como ha ocurrido otras veces?. ¿Es diferente esta vez? Lo curioso es que uno nunca sabe si alguna despedida será la última, y por eso el efecto de las falsas despedidas puede repetirse. ¿Por qué razón sentimos pequeñas distancias como posibles despedidas aún cuando ninguna lógica indica que así sea?. El lugar más alto en Bali es la cima del monte Agung, a más de 3 mil metros de altura. Me hago tantas preguntas que algunas más o algunas menos no modifican las cosas. Así que me pregunto que haría si ella decidiera quedarse allí, en la cima de esa montaña, y me dijera que sólo llegando hasta ahí y sólo si subiera caminando hasta la cima podría volver a verla, y que debería hacerlo cada vez que quiera estar cerca suyo. Realmente lo pienso antes de responder, para mantener la honestidad en mis palabras. Creo que vendería el auto y me tomaría un vuelo que me lleve hasta los pies de la montaña, donde emprendería mi caminata con la ansiedad creciente de volver a estar, una vez más, los dos en el mismo lugar. ¿Habrá teléfono donde está ahora? ¿Podrá escribirme? ¿Querrá hacerlo? ¿Intentará, por alguna razón, no pensar en mí?. Yo a veces de tanto hacerlo intento dejar de hacerlo. Ayer pensé que si me dormía dejaría de pensar, pero cuando estaba en la frontera entre el sueño y la vigilea, era como un balbuceo de pensamiento, como un sueño demasiado real o un pensamiento demasiado difuso. Finalemente me dormí, y sólo conseguí empezar a soñarla. Cuando me desperté ya la estaba pensando de nuevo. Y si no la pienso la siento, y realmente no se que es peor. ¡Dios mío! ¡Cómo la siento! Practicamente vivo con ella. Duermo abrazandola aunque sea su ausencia la que me acompaña. ¿Estará ella pensando en mí en este momento? Se acostará en su cama, apoyará su cabeza en la almohada y al cerrar los ojos me estará viendo a mí como yo a ella? Si supiera que esto es así la sentiría tan cerca, que me sentiría feliz. Lamento mi egoísmo y elijo la autofranqueza cuando asumo y admito que quisiera que así sea. ¡Cómo quiero que me extrañe! ¡Cómo quisiera ahora arrancarla de donde esté y llevarla conmigo a lugar que sea! ¡Ni me importa a qué lugar! Cualquier lugar donde estemos ella y yo, y nadie más, es un lugar perfecto.. un lugar..donde se puede sentir algo cercano a la felicidad..