Conozco por lo menos dos esencias diametralmente opuestas que los impulsan. Una es la esencia ladrona del coleccionista posesivo, que desea guardar tesoros y trofeos que lo hagan el mejor de los filibusteros, aunque sabe que siempre habrá mejores, en el más tonto sentido de esta rara palabra. Pero hay otra esencia distinta de esta vieja clase de asaltante, la del que va buscando "el país donde los sabios se retiran del agravio de buscar labios q sacan de quicio". Éste que al ver tierra firme se lanza a toda vela esperando encontrar en esa isla la última, o al menos una donde la ausencia de conflictos bélicos y otras hostilidades le permitan reparar su barco y curar a la maltrecha tripulación. Pero pronto descubre que el mar le ha hecho daños cerebrales y morales. Cree ver sirenas donde hay monstruos y cree ver monstruos donde hay sirenas. Cree encontrar agua para calmar su sed en plantas con flores que más tarde lo envenenan hasta empujarlo a macharse a pesar del viento en la proa, más cansado y sucio de lo que había llegado.
Juan Astillas salió a brindar de bar en bar bebiendo quitapenas, eran siete vidas las que tenía.
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