12 ago 2010

Parajes

La vida es buscar, y seguir buscando, y nada más. Ni siquiera creo que sea encontrar. Es un viaje que nunca termina, conviene no ir muchas veces para atrás por el mismo camino, a encontrar algo que se perdió, porque o no estará donde lo dejamos, o será de otra persona que ya lo encontró donde había quedado, o estará sucio, o corrompido, o que se yo. Pero no habrá nada en el camino de vuelta que haya permanecido inalterado, tal cual lo dejamos. Tampoco conviene querer quedarse a vivir el resto de la vida en un lugar. Tarde o temprano o te echan, o te cansan, o te aburren, o simplemente te vas. Pero siempre habrá nuevos parajes, nunca uno es el último ni es definitivo nada. El único problema es que cuando tenés que juntar el poco equipaje y sacar las fotos para que pasen de ser cosas o personas a ser recuerdos viejos un poco te da por la melancolía y un poco te inquieta subirte a ese auto cada vez más viejo y salir de nuevo a un camino andando solo, y sin saber que vas a encontrar en el próximo paraje, ni siquiera a cuanta distancia está de donde estas ahora. No sabes ni cuánto tiempo vas a tener que pasar solo en ese auto con vos mismo, oyendo esas canciones en la radio, que para empeorar o para calmar las cosas te recuerdan a todos los parajes anteriores. Podes pasar dos días o dos años o también dos vidas ahí arriba yendo a no sabes dónde. Y un día parás de nuevo, en general cuando te quedas sin gasolina. O cuando estás cansado y querés un lugar cómodo para dormir. Y ahí te quedas un tiempo, el mayor tiempo que puedas. Y encima te olvidás que es igual al anterior y que también te vas a tener que ir con tu ropa a otra parte. Si lo supieras no dormirías ni un solo día de todos los pocos que vas a estar ahí. Pueden ser cientos de días, pero siempre son pocos. Y si son mil también son pocos. Todo es poco. Cuando te vayas y prendas la radio y escuches otra vez esas melodías amargas que te recuerden a todo y te caigas un rato en ese mundo irreal que sale del parlante vas a decir “si volviera el tiempo atrás y parara de nuevo en ese paraje, haría diferente tal o cual cosa”. No importa. Bah, si importa. No te podías mirar por la ventana ahí sentado durmiendo en la mesa mientras la chica del bar hacía o pensaba no sabés qué, porque estabas en la mesa ocupado en otra cosa. O sí podías. No importa, ya es tarde ahora. Bah…

No hay comentarios:

Publicar un comentario