Mi vecina llega cada tarde convidando simpatías a los porteros
La traen sus medias negras las dos cuadras que separan el jardín botánico de mi casa
Cada nochecita, cuando paso a saludarla, encuentro un verso nuevo que voy subiendo a su canción
Le regalo un piropo y enseguida una ironía, para balancear el peso de mis palabras
Adivino transparencia en esos ojos habladores que se ríen con mis payasadas,
y se ponen en guardia cuando juego a vestir el traje de cabrón al que hace rato intento perderle la pista
Sugiero que por hoy ya es suficiente, no sea cosa de andar perdiendo de más el orgullo, y deschavar cuantos versos es capaz de inspirarme la más linda de la cuadra
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